Desde el punto de vista técnico el cuadro es una obra maestra gracias a la perspectiva aérea con varios puntos de luz. Es la representación de la vida.
Sin lugar a dudas, el cuadro de Las Meninas constituye uno de las obras pictóricas más importantes de la Historia del arte, uno de los lienzos más grandes en tamaño y más complejos que pintara Diego Rodríguez de Silva y Velázquez (1599-1660). Antonio Palomino se encargó en su libro El Museo Pictórico de 1724 de inaugurar la fama de este cuadro.
Al parecer, se pintó hacia 1654 en el Cuarto del Príncipe del Alcázar de Madrid, que es a su vez el escenario de la pintura en sí. En el cuadro aparecen la infanta Margarita de Austria, atendida por doña María Agustina Sarmiento y doña Isabel de Velasco, las meninas de la reina, es decir las personas que desde niñas entraban a servir en la Casa Real. Velázquez aparece pintando a la izquierda, y también se encuentran los enanos Mari Bárbola y Nicolasito Pertusato con un mastín. Algo más atrás estaría doña Marcela de Ulloa, dama de honor, con un guardadamas. En una puerta al fondo, entre los peldaños de una escalera, se encuentra el aposentador José Nieto. Por fin, el espejo del fondo permite vislumbrar a Felipe IV y Mariana de Austria.
El significado de la obra ha suscitado todo tipo de teorías: ¿pintaba Velázquez a los reyes cuando entró la infanta con su pequeña corte?, ¿estaba el pintor trabajando y todo se interrumpe ante la llegada de los monarcas? En cuanto a la interpretación también hay división de opiniones. En un principio, estaría la más clásica «del momento captado», es decir, la exaltación del realismo. Cuando se conoció el contenido de la biblioteca de Velázquez y se supo de su amplia cultura simbólica, se quiso aplicar al cuadro buscando alegorías y significados ocultos. Por fin, hay hasta interpretaciones que pondrían más el acento en el propio espectador y su papel en el interior del cuadro. También habría significados políticos, ya que aparecen personajes regios, sin olvidar otras referencias históricas del momento de la dinastía de los Austrias o del propio Velázquez con su cruz de Santiago. Por fin, este cuadro parece una invitación a la reflexión sobre la importancia de ver, sobre el placer que nos ofrece la pintura.
La influencia de este cuadro ha sido considerable, siendo el primero Luca Giordano y uno de los principales Francisco de Goya, para luego llegar a Singer Sargent, y entrar en el siglo XX con Picasso, Dalí, Cristóbal Toral, Antonio Saura, el Equipo Crónica y Manolo Valdés, entre otros.


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